En un artículo titulado El barquito de papel contra una gran colina hicimos referencia a una navecilla que fue puesta en marcha por primera vez en el año 2020 y que, como todo artefacto frágil por naturaleza, terminó naufragando súbitamente.
Varias vueltas ha dado desde entonces el reloj de la historia, y aquella pequeña embarcación ha sido puesta nuevamente en escena con el propósito de enfrentar a una colina que, más que colina, se asemeja a un verdadero fuerte. Por ello, vuelve a adquirir vigencia aquella frase atribuida al almirante Nelson: «Absurdo es que un navío combata contra un fuerte».
Lo que Napoleón ignoraba era qué, detrás de todo aquello, existía un hombre que movía los hilos cuál titiritero silencioso. Ese hombre era Talleyrand. Y Talleyrand no obraba para resucitar los tiempos de gloria del emperador, sino para conducirlo, definitivamente, hacia su caída.
Todos conocemos el desenlace de aquella historia. Napoleón terminó desterrado en la isla de Santa Elena, frente a la costa occidental de África, donde perdió toda esperanza de volver a escapar.
Del mismo modo, el barquito de papel parece incapaz de comprender (debido a sus propias limitaciones de abstracción) que el verdadero propósito de quienes hoy lo impulsan no es conducirlo hacia la gloria, sino utilizarlo como instrumento para contener el ascenso de una gran colina. Sin embargo, dentro del mundo de la lógica, sabemos que tales planes terminarán fracasando.
¿Por qué? Porque en tiempos de desesperanza, incertidumbre y desasosiego, los pueblos suelen buscar liderazgos fuertes, experimentados y capaces de estar a la altura de las circunstancias. Y esas cualidades difícilmente podrán encontrarse en quién ya demostró carecer de los conceptos más elementales para dirigir los destinos de una nación.
Finalmente, faltan apenas dos días para que aquel endeble artefacto salga por la puerta con las manos levantadas sintiéndose triunfante, convencido de haber alcanzado la victoria y de que los planetas se han alineado a su favor. Incapaz de comprender, sin embargo, que existen fuerzas e intereses que lo han convertido en un simple instrumento para intentar frenar a esa gran colina que avanza, inexorablemente, hacia un nuevo triunfo histórico.


