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A la edad de siete años, Penélope Polanco quedó cautivada tras ver la película ‘Karate Kid’, lo que despertó su interés por el arte marcial.
Convencida, solicitó a su madre que la inscribiera en una escuela de karate; el respaldo familiar marcó el inicio de una senda que, diecisiete años después, la catapultó a la cima de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Apenas unos meses después de su debut, ya participaba en torneos y, con ocho años, alzó su primera medalla de oro, consolidando al karate como una disciplina esencial en su vida.
Sin embargo, el trayecto no estuvo exento de obstáculos. Penélope recuerda un episodio especialmente duro antes de una prueba en El Salvador, cuando consideró abandonar la práctica. Un desconocido se acercó y logró persuadirla de seguir adelante, aunque la atleta prefirió mantener en reserva los pormenores de esa conversación.
Según fuentes consultadas, al concluir la competencia se arrodilló y derramó lágrimas. Entre los recuerdos que conserva, destaca una fotografía de una niña de unos ocho años, oriunda del mismo barrio de Los Mina y del dojo donde ella se formó, quien la admiraba y la vio competir.
Los datos recabados indican que, para Penélope, la medalla de oro trasciende el éxito deportivo; es la culminación de años de entrenamientos intensos, sacrificios, derrotas y dudas que casi la llevan a desistir. La niña que comenzó viendo una película se ha convertido en modelo a seguir para otros pequeños que, como ella a los siete años, empiezan a soñar.
Se prevé que continúen surgiendo novedades relacionadas con su trayectoria y los proyectos que impulsará a futuro.


