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El ministro de Educación expuso la urgencia de armonizar la enseñanza con los requerimientos productivos de cada zona del país, anticipando las competencias que el sector agropecuario exigirá.
SANTO DOMINGO, República Dominicana.
De Camps enfatizó la necesidad de fortalecer, desde los primeros años de escuela, el nexo entre los jóvenes y la actividad agropecuaria, con la meta de dotar a las nuevas generaciones de destrezas que les permitan acceder a mejores oportunidades y contribuir al crecimiento productivo nacional.
En el marco del XXVIII Encuentro de Líderes del Sector Agropecuario, organizado por la Junta Agroempresarial Dominicana (JAD), el ministro sostuvo que la preparación del capital humano para la agroindustria no puede iniciarse únicamente cuando los estudiantes llegan a la secundaria y deben elegir una modalidad.
«La cultura agropecuaria comienza antes: con ciencias, matemáticas, educación medioambiental, sostenibilidad, conocimiento del territorio, tecnología, emprendimiento y la comprensión del valor que la producción y los alimentos tienen para la vida de la sociedad», declaró.
Participó también en el panel “Formación del Capital Humano para la Agropecuaria y la Agroindustria Nacionales”, donde explicó que uno de los principales retos del sistema educativo es lograr una mayor correspondencia entre las capacidades formadas y las transformaciones que atraviesan los sectores productivos y los territorios dominicanos.
De Camps señaló que las vocaciones productivas difieren entre regiones y provincias; por ello, la oferta educativa no puede ser homogénea, sino que debe considerar qué se produce en cada territorio, sus potenciales y las capacidades humanas requeridas para explotarlos.
Indicó que este planteamiento está alineado con la visión educativa impulsada por el presidente, la cual pretende avanzar hacia un sistema que, además de garantizar acceso y cobertura, responda por los aprendizajes, la pertinencia, las competencias y las oportunidades de los estudiantes.
Actualmente, 2,610 estudiantes están inscritos en programas vinculados al agro, distribuidos en 17 regionales, 44 distritos educativos y 51 politécnicos. Las provincias de Azua, La Vega, San Cristóbal, Santiago y San Juan de la Maguana concentran 1,651 de esos alumnos.
Los itinerarios académicos incluyen Producción Agropecuaria, Industrias Alimentarias, Conservación del Medio Natural y Análisis Químico‑Farmacéutico, siendo la Producción Agropecuaria la especialidad con mayor número de matriculados.
De Camps aclaró que el desafío no consiste solo en aumentar la matrícula, sino en determinar dónde ampliar la oferta, qué títulos son necesarios en cada zona, qué competencias docentes deben reforzarse y qué talleres y laboratorios son imprescindibles para conectar la enseñanza con las cadenas productivas reales.
Resaltó que la Educación Técnico‑Profesional representa una ruta formativa exigente y legítima, capaz de abrir puertas a la continuidad educativa, al emprendimiento y al desarrollo profesional.
Informó que el Ministerio de Educación está trabajando en la actualización del currículo de la familia profesional agropecuaria y en una cartera de títulos orientada a responder mejor a las nuevas exigencias de producción y transformación.
Según De Camps, la relación entre educación y producción debe pasar de ser reactiva a ser proactiva, de modo que el país pueda identificar las competencias que el agro requerirá dentro de cinco o diez años y comenzar a formarlas desde hoy.
Finalmente, enfatizó que la educación no debe limitarse a formar empleados, sino a crear personas capaces de decidir, innovar, emprender y contribuir al desarrollo de sus comunidades y del país.


