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El conflicto en el Sáhara Occidental se halla bajo una nueva sombra de incertidumbre tras la imposibilidad del Consejo de Seguridad de la ONU de prorrogar el mandato de la misión MINURSO, lo que aviva los temores de una posible escalada militar entre Marruecos y los grupos saharauis independentistas.
Rusia y Estados Unidos se enfrentaron en sus posturas respecto a la prolongación de la presencia de la misión, creada en 1991 con la meta de organizar un referéndum de autodeterminación que, hasta la fecha, no se ha materializado.
Washington presentó una iniciativa para alargar el mandato de MINURSO, pero Moscú ejerció su veto; a su vez, EE. UU. descartó la propuesta rusa de extender la misión durante un año.
Al mismo tiempo, el gobierno marroquí solicitó la retirada, en los próximos días, del personal y los recursos de la ONU instalados en la zona, una medida que intensifica la tensión en un enfrentamiento que lleva cinco décadas entre el reino y el Frente Polisario.
El analista de Crisis Group, Riccardo Fabiani, advirtió que la ausencia de un acuerdo comprometería la estabilidad regional; según explicó a fuentes periodísticas, la incertidumbre domina actualmente el proceso diplomático.
Sin embargo, aún existe la posibilidad de que los miembros del Consejo de Seguridad lleguen a un acuerdo de urgencia que permita extender la presencia de la misión por algunas semanas o meses.
Esa ampliación temporal ofrecería a los actores internacionales más margen para negociar una salida, aunque Fabiani también señaló la probabilidad de que Estados Unidos pierda interés en mantener operativa a MINURSO.
De concretarse ese escenario, Marruecos podría decidir intervenir militarmente en la zona de amortiguamiento, una franja desmilitarizada que cubre aproximadamente el 20 % del Sáhara Occidental y que separa el territorio de Argelia y Mauritania.
Una ocupación militar de esa área incrementaría las tensiones y pondría en riesgo la estabilidad de la región.
El exministro marroquí Lahcen Haddad calificó el colapso de las negociaciones como un punto de inflexión; en un artículo publicado en una plataforma digital afirmó que Marruecos preferiría una solución consensuada bajo la mediación de la ONU.
Haddad responsabilizó a Argelia y al Frente Polisario de obstaculizar los avances diplomáticos y criticó el veto ruso a la propuesta estadounidense.
El exfuncionario sostuvo que la prioridad debe ser alcanzar una solución política, subrayando la necesidad de garantizar la estabilidad y mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la zona.
Las organizaciones independentistas temen que la salida de MINURSO signifique un retroceso en el proceso de paz.
Elghalia Djimi, vicepresidenta de una asociación saharaui de víctimas de violaciones de derechos humanos, cuestionó los 35 años de espera para el referéndum y advirtió sobre el sufrimiento de la población y el riesgo de que los jóvenes recurran a la violencia.
Al mismo tiempo, Ali Salem Tamek, presidente de Codesa, manifestó que el fracaso del Consejo de Seguridad no altera la situación jurídica internacional del territorio.
Según Tamek, el Sáhara Occidental sigue siendo una zona pendiente de descolonización, por lo que el pueblo saharaui mantiene su derecho a la autodeterminación.
La posible retirada de la ONU vuelve a dejar en suspenso el referéndum previsto desde 1991 y acrecienta la incertidumbre sobre el futuro de las negociaciones y la estabilidad regional.


