En la zona conocida como Reserva de Meléndez, un conjunto de viviendas ubicado en una ladera de la ciudad colombiana de Cali, alrededor de 200 familias llevan dos noches durmiendo bajo carpas que han erigido frente a los edificios que, hasta hace muy poco, eran sus hogares.
El sismo de magnitud 7,4 que sacudió el país dejó fisuras en los apartamentos, techos desprendidos y estructuras comprometidas, lo que genera una gran incertidumbre sobre la posibilidad de volver a entrar.
«Cuando comenzó a temblar, muchos no sabíamos hacia dónde correr. Algunos bajaron a toda prisa por las escaleras, otros salieron con lo que alcanzaron a tomar y algunos apenas tuvieron tiempo de sacar a sus hijos», dijo a EFE Katherine Almeida, una joven que se ha convertido en una de las voceras de la comunidad.
Las carpas se han convertido ahora en sus dormitorios temporales y refugios; allí guardan la ropa, fotografías, documentos y los escasos objetos que lograron rescatar. Sus mascotas también duermen junto a ellos, en medio de la incertidumbre.
La mayoría de los residentes adquirió sus apartamentos mediante créditos que aún están pagando; otros viven de alquiler y aseguran que no disponen de otro lugar al que acudir.
«Las torres quedaron destruidas, no sabemos si podremos volver a entrar. Nos falta que el Gobierno mande personas expertas en suelos para que nos diga si podemos volver a ellas, pero las grietas son enormes», cuenta Almeida.
El periodo de espera está marcado por el miedo. «Muchos nos han ofrecido vivienda, un albergue para ir a quedarnos, pero no queremos salir por miedo a que nos saqueen lo poco que tenemos».


