Por Roberto Gómez
La forma en que fue tratada la comunicadora y dirigente política Julieta Tejada durante el XIX Congreso Internacional de Comunicación Política merece una reflexión seria. Más allá de las diferencias de criterios que puedan surgir en un espacio de preguntas y respuestas, ninguna circunstancia justifica el maltrato, la descalificación o el uso de expresiones que menosprecien a una persona que intenta expresar una idea.
Julieta Tejada acudió al evento con la intención de participar y plantear su posición sobre un tema político. En ese contexto, cualquier intervención de moderación o conducción del espacio debía realizarse con respeto, cortesía y altura. Frases como “No me interesa su exposición. No nos interesa” no solo cierran la posibilidad del diálogo, sino que proyectan una actitud que muchos han considerado innecesariamente hostil y desconsiderada hacia una mujer y profesional que merece ser tratada con dignidad.
Resulta preocupante que, en un Congreso Internacional de Comunicación Política, precisamente un escenario destinado al debate de ideas, al análisis de los desafíos de la comunicación y al fortalecimiento del intercambio democrático, se produjera una situación que ha sido percibida por diversos asistentes y comunicadores como desconsiderada y humillante. La comunicación política no puede promoverse desde la imposición, el silencio o la descalificación del interlocutor.
Defender a Julieta Tejada significa defender un principio fundamental: toda persona merece ser tratada con respeto, independientemente de las diferencias de opinión o del momento en que se produzca una intervención. La firmeza, cuando sea necesaria, puede ejercerse sin humillar, sin levantar el tono y sin recurrir a expresiones que menosprecien a quien intenta participar.
Julieta Tejada tiene derecho a disentir, a plantear sus ideas y a participar en los espacios públicos sin ser objeto de un trato que pueda interpretarse como maltrato verbal o desprecio. El debate político necesita voces diferentes, incluso cuando incomodan o contradicen al expositor de turno.
El respeto debe estar por encima del protagonismo. La firmeza no está reñida con la educación y el desacuerdo nunca debe convertirse en maltrato.
Hoy más que nunca expresamos nuestra solidaridad con Julieta Tejada, porque defender su derecho a ser tratada con respeto es también defender el derecho de todos y todas a participar, cuestionar y expresar sus ideas en una democracia.


