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El escalofriante recorrido del presidente colombiano entre los cadáveres de presuntos criminales abatidos por la fuerza pública muestra una conducta ruinosa y un histrionismo enfermizo, demostrando que cualquier individuo puede alcanzar el poder mediante un proceso electoral.
De esas urnas emergieron figuras estruendosas como ___, un político que se adentró en una sociedad colombiana sumamente manipulable, donde los sistemas electorales son tan débiles que pueden ser contaminados por intervenciones externas, tal como quedó patente en la segunda vuelta.
Lo que mueve a De la Espriella es la espectacularidad discursiva, la manipulación de la opinión pública, la mentira descarada y la tergiversación de datos a su antojo.
A lo largo de su carrera, ejerció como abogado de narcotraficantes, paramilitares, evasores de impuestos, lavadores de dinero, estafadores y demás delincuentes, acumulando una fortuna considerable; se rumorea que incluso engañó a algunos de sus propios representados.
A pesar de su temperamento grotesco, en la campaña electoral más reciente acusó a sus opositores de ser exactamente aquello que él mismo encarna.
Se aprovechó de la ignorancia de millones de colombianos para sembrar la idea de que los nexos con esos individuos estaban presentes en el presidente Gustavo Petro y en el candidato Iván Cepeda.
El hecho reviste una gravedad absoluta desde cualquier punto de vista: a nivel humano constituye un acto de barbarie que se vuelve aberrante al instrumentalizar a las víctimas con fines propagandísticos, vulnerando la dignidad de las personas aun después de su muerte.
Peor aún, los medios colombianos —pertenecientes a corrientes de derecha, ultraderecha y paramilitarismo— guardan un silencio cómplice frente al burdo discurso del actual presidente del país.
De la Espriella está convencido de que su paseo entre los cuerpos engalanados de los supuestos delincuentes fue correcto y asegura que lo repetirá cuando lo estime necesario.
No obstante, considerando los terribles hechos ocurridos en la lucha contra guerrillas, narcotraficantes y paramilitares —clientes de Abelardo—, nadie duda que, al revisarse, esos fallecimientos serán catalogados como los llamados “falsos positivos”.


