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Expertos que revisaron imágenes satelitales observaron una amplia zona de petróleo desplazándose por el estrecho de Ormuz, próximo a la costa iraní, luego de varios ataques estadounidenses a buques portadores de crudo.
El cierre impuesto en Ormuz por la gestión previa de EE. UU. ha suscitado interrogantes acerca de su real utilidad para los intereses estadounidenses y de sus socios.
De acuerdo con la ONG Greenpeace, el vertido podría haberse iniciado el 8 de septiembre; al día siguiente la superficie contaminada llegó a 200 km² y al tercer día se duplicó.
Se presume que el origen del derrame es el petrolero M/T Riesco, con bandera de Zimbabue; su último ping se registró cerca del punto donde ahora se concentra el crudo y no se ha detectado otra señal desde entonces.
El CENTCOM de EE. UU. confirmó que este martes llevó a cabo un ataque contra el M/T Riesco y contra otras cuatro naves que, según la propia fuerza militar, pertenecían a la Guardia Revolucionaria Islámica, y añadió que ya había efectuado un ataque el 5 de septiembre.
El derrame amenaza la supervivencia de tortugas marinas, serpientes de agua y los arrecifes coralinos que habitan la zona.
En caso de que la mancha de petróleo alcance la costa iraní, los humedales de Rud‑e Gaz y Rud‑e Hara, una zona protegida de 150 km² que alberga una amplia diversidad de peces, tortugas, serpientes acuáticas y aves migratorias, quedarían en grave peligro.
Si el crudo se desplazara hacia costas árabes, la reserva natural de la península de Musandam, en Omán, que cuenta con más de mil kilómetros cuadrados de formaciones kársticas, bahías tipo fiordo e islas, también sufriría daños severos, comprometiendo corales, aves marinas y otras especies.
El enfrentamiento entre EE. UU. e Irán está generando importantes consecuencias ecológicas en Oriente Medio; una investigación de la Universidad del Sur de Florida señala que, en marzo de 2026, las manchas de petróleo en el Golfo Pérsico cubrían una superficie cuatro veces mayor que la registrada anteriormente.


