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La delegación diplomática de Irán abandonó este martes la reunión en la ONU sin lograr ningún avance concreto hacia la terminación del conflicto, y con la amenaza de una posible escalada aún latente; EE. UU. ha lanzado advertencias de «aniquilación» mientras Teherán ha declarado estar preparado para una eventual «guerra apocalíptica».
Poco antes de retirarse de la sede de la organización, el canciller iraní sostuvo una conversación con los mediadores provenientes de Catar, a pesar de que el presidente estadounidense desestimó la propuesta iraní de instaurar un alto al fuego de siete días y reabrir el estrecho de Hormuz. En ese encuentro, el ministro formuló nuevas líneas de acción para presentar ante la Asamblea y se discutieron las condiciones que Teherán exigiría para reactivar el paso marítimo, entre ellas el cese total de las hostilidades en todos los frentes, la liberación de activos iraníes congelados, la eliminación de las sanciones petroleras y el fin del bloqueo naval estadounidense.
El canciller también indicó que sigue a la espera de una respuesta oficial de Washington a través de los mediadores, señalando que hasta el momento no ha recibido una posición formal.
Washington ha calificado las propuestas de Irán como «inaceptables», manteniendo la presión económica iniciada a finales de agosto y el cerco naval sobre el estrecho, aunque reconoce que dicha medida ha perdido parte de su efectividad tras el cierre de ciertas instalaciones, y el presidente de EE. UU. asegura tener el control del paso estratégico.
Irán, por su parte, declaró a un diario que no concederá ventajas a cambio de la reapertura del estrecho. El rechazo estadounidense abre un espacio de análisis para expertos, como un investigador del programa iraní del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel, quien considera que mantener la presión hasta las elecciones de medio mandato de noviembre puede jugar a favor de EE. UU., aunque también advierte la posibilidad de un efecto contrario. Propone sostener la presión hasta noviembre para evitar una gran escalada militar antes de las votaciones y reevaluar la estrategia posteriormente.


