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El politólogo y profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Juan González, afirmó que el reciente acercamiento entre los mandatarios de Estados Unidos, Donald Trump, y de China, Xi Jinping, no supone el fin de la contienda estratégica entre ambas naciones; al contrario, la lucha por el liderazgo económico, tecnológico, militar y geopolítico se profundizará.
En una entrevista concedida al periodista Manuel Jiménez dentro de un programa televisivo, el académico explicó que los gestos de cordialidad entre Trump y Xi responden principalmente a la necesidad de crear mecanismos que permitan gestionar sus diferencias y evitar que la rivalidad se traduzca en un enfrentamiento directo.
“El liderazgo político y las élites latinoamericanas deben tener claro que, a pesar de esta visita de Estado del presidente Xi Jinping a Estados Unidos, la rivalidad entre China y Estados Unidos no va a desaparecer, sino que va a aumentar”.
González precisó que la disputa se extiende a sectores críticos para el poder global. Señaló que China cuenta con una sólida base manufacturera y ocupa posiciones estratégicas en energía solar y eólica, vehículos eléctricos, baterías de litio, tierras raras y otros minerales esenciales para la fabricación de semiconductores.
Por su parte, Estados Unidos conserva ventajas determinantes mediante el dominio del dólar, su influencia sobre los mercados financieros y su liderazgo en semiconductores avanzados y en el desarrollo de inteligencia artificial.
El especialista indicó que la brecha económica entre Washington y Beijing frente a otras grandes economías explica la magnitud de su peso; juntos concentran una proporción considerable del PIB mundial, muy por encima de economías como Alemania y Japón.
El analista también subrayó el elevado gasto estadounidense en defensa y el rápido proceso de modernización de las Fuerzas Armadas chinas, a lo que se suma la competencia por zonas estratégicas como el Ártico, el canal de Panamá, Taiwán y América Latina, región donde Washington procura preservar su influencia mientras Beijing ha ampliado sus lazos económicos y comerciales en los últimos años.
En cuanto al futuro del orden internacional, González recordó que durante los últimos 15 o 20 años numerosos académicos y dirigentes han planteado una transición hacia un sistema multipolar tras la hegemonía estadounidense posterior a la desaparición de la Unión Soviética. No obstante, considera que la creciente concentración de poder en EE. UU. y China abre la posibilidad de una estructura predominantemente bipolar.
“China y Estados Unidos están dominando áreas que son muy estratégicas”, señaló, al observar que ninguna otra potencia combina actualmente una capacidad económica, tecnológica y militar comparable. Añadió que Rusia sigue centrada en su conflicto con Ucrania, mientras las grandes potencias europeas destinan recursos significativos a esa guerra, lo que, a su juicio, permite a Washington y Beijing ampliar sus espacios de influencia y enfocarse en sus objetivos estratégicos.
El politólogo comparó la dinámica emergente con ciertos rasgos de la Guerra Fría: dos grandes potencias compiten por ampliar su esfera de acción, pero simultáneamente establecen canales para evitar una confrontación militar directa. En esa línea, destacó los avances en diálogos bilaterales sobre comercio, inversiones, inteligencia artificial y comunicación entre sus mandos militares.
Para González, el acercamiento entre Trump y Xi debe interpretarse bajo esa lógica: cooperación para gestionar la rivalidad, no su desaparición. Ambos países necesitan mantener abiertos los canales políticos, económicos y militares, pues un choque directo tendría consecuencias globales, pero ninguno parece dispuesto a renunciar a la defensa y expansión de sus intereses estratégicos. Así, el debate central ya no es solo si el mundo será multipolar, sino hasta qué punto la concentración de poder económico, tecnológico y militar en Washington y Beijing configurará una nueva bipolaridad internacional, marcada por la competencia en IA, semiconductores, minerales críticos, finanzas, comercio y control de espacios geoestratégicos.


