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Los criterios de la quinta edición de Roma (Roma V) introducen cambios en la forma de identificar el síndrome de intestino irritable, reduciendo la cantidad mínima de episodios requeridos y reincorporando la molestia abdominal como criterio aceptado.
Con la normativa actual, el dolor o la incomodidad en la zona abdominal debe presentarse al menos tres días al mes durante los últimos tres meses, a diferencia del requisito anterior de una vez por semana.
Estas actualizaciones se difundieron en 2026 a través de una revista especializada, tras siete años de revisión de estudios y consenso entre los expertos de la Fundación Roma, organización internacional que revisa los criterios aproximadamente cada diez años.
El síndrome de intestino irritable se sitúa entre los trastornos digestivos más frecuentes, generando dolor abdominal, cólicos, distensión, gases, diarrea, estreñimiento o una combinación de ambos, además de sensación de evacuación incompleta y presencia de moco en las heces; la intensidad varía de un paciente a otro.
Según la International Foundation for Gastrointestinal Disorders, cerca del 10 % de la población mundial sufre esta afección, la cual es crónica, disminuye la calidad de vida y necesita manejo continuo, aunque solo una pequeña proporción presenta síntomas severos; el SII no produce lesiones en la mucosa ni eleva el riesgo de cáncer colorrectal.
Los criterios previos, publicados en 2016 bajo la denominación Roma IV, exigían que el dolor abdominal estuviera presente al menos una vez por semana; la revisión actual disminuye esa frecuencia a tres días al mes y reintroduce el término “molestia”, pues algunos pacientes describen su malestar sin emplear la palabra dolor.
Los especialistas indican que la exigencia anterior permitía identificar a pacientes con manifestaciones intensas, pero también podía excluir a quienes presentaban síntomas compatibles pero menos frecuentes, lo que impactó la prevalencia estimada del SII.
Roma V aclara, además, que el dolor o molestia abdominal no deben ser continuos, con el objetivo de diferenciar el SII de trastornos como el síndrome de dolor abdominal de origen central, donde el malestar persiste de forma constante.
Los profesionales advierten que no todos los casos de pérdida de peso inexplicada, fiebre, diarrea nocturna, anemia por déficit de hierro, vómitos o dolor que no mejora tras la evacuación deben atribuirse al SII; dichos signos de alarma requieren una evaluación médica más profunda.
El diagnóstico continúa basándose en la historia clínica, la naturaleza de los síntomas y la presencia o ausencia de señales de alarma, pudiendo solicitarse pruebas complementarias según la situación.
Una de las innovaciones más importantes es la distinción entre los criterios destinados a la investigación y los aplicables en la práctica clínica; los médicos pueden dar mayor peso a la intensidad y al impacto diario de los síntomas, aun cuando la frecuencia sea inferior a la utilizada en los estudios científicos.
Los nuevos lineamientos permiten iniciar una valoración clínica con menos síntomas y sin obligar a cumplir los seis meses que tradicionalmente se consideraban referencia, reconociendo que la rigidez de los criterios estandarizados puede no ser adecuada para todos los pacientes.
El documento subraya que, si bien la estandarización es esencial para generar estudios comparables, es necesario mantener flexibilidad al aplicarla a la atención individual.


