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Santo Domingo, República Dominicana. La educación de los hijos no se limita a decisiones cruciales ni a eventos extraordinarios; gran parte se construye en lo cotidiano, como una conversación al entrar a casa, el reconocimiento de un pequeño logro, la instrucción de una tarea que el niño ya puede ejecutar solo o la imposición amorosa y clara de un límite.
Con esa visión, la doctora Nubia Lluberes, especialista en Psiquiatría General y Forense, identifica tres fundamentos imprescindibles para que madres y padres fortalezcan sus relaciones con niños y adolescentes: estar presentes de forma constante en la rutina, valorar sus esfuerzos y establecer límites orientadores sin sofocar.
La profesional desarrollará estos y otros aspectos en la XI conferencia anual que organiza GISEF con motivo del Mes de la Familia, bajo el tema “Vínculos que protegen: el rol de la familia en la prevención del trauma”. La cita está programada para el 11 de noviembre a las 6 p.m. en Casa San Pablo.
Los actos repetidos día a día poseen un peso especial en la consolidación del vínculo. No es preciso esperar una ocasión única para acercarse a los hijos. “Los momentos que repetimos todos los días valen más que los momentos especiales”, asegura la doctora Lluberes.
Apartar unos minutos de plena atención al regresar del trabajo y, de nuevo, antes de la hora de dormir, puede convertirse en una práctica sencilla pero de gran repercusión. Lo esencial no es cuántas horas se dedican, sino la constancia y fiabilidad de la presencia.
Para padres y madres con agendas apretadas, la propuesta brinda una perspectiva distinta: acompañar a los hijos no requiere disponer de amplios bloques de tiempo, sino crear momentos cotidianos donde se sientan escuchados, observados y acompañados.
Otro aspecto crucial que subraya la especialista es la manera en que los adultos responden a los progresos de los niños. “El comportamiento cambia con el tiempo, no con un regaño. Dividir las tareas en pasos pequeños, permitir los fallos de la primera vez, reconocer los logros pequeños en tiempo real. Los comentarios desmoralizantes —»si sacaste 90, ¿por qué no 100?»— destruyen lo que la constancia construye. Convertir obligaciones en oportunidades”, enfatiza Lluberes.
Fijar límites no implica ejercer un control rígido. Conocer los márgenes ayuda al menor a comprender su entorno y a orientarse. “Saber dónde está el límite le ofrece al niño entendimiento del mundo y dirección”, explica la doctora. Desde esa óptica, permitir que los niños experimenten los límites forma parte de su desarrollo, y la respuesta adulta debe centrarse en enseñar conductas apropiadas más que en castigar.
Al mismo tiempo, es esencial evitar la sobreprotección. Permitir que los niños se vistan, organicen sus pertenencias, asuman tareas y resuelvan pequeñas dificultades constituye oportunidades para fomentar la autonomía. Un exceso de cuidados les priva de experiencias vitales para aprender a desenvolverse. La conferencia cuenta con el respaldo de diversas organizaciones y empresas comprometidas con la formación y el bienestar familiar.


