ENTRE2NEWS
Los cargadores portátiles se han vuelto una herramienta indispensable para mantener en funcionamiento teléfonos y demás dispositivos durante los viajes. Sin embargo, esas baterías externas pueden representar un riesgo a bordo: si están dañadas, se sobrecalientan o presentan fallas, pueden iniciar lo que se denomina thermal runaway, una reacción en cadena que produce calor intenso, humo, gases inflamables y fuego, y que en los casos más críticos puede culminar en una explosión.
Este proceso puede desencadenarse por un cortocircuito, una sobrecarga, exposición a temperaturas elevadas, impactos, perforaciones o defectos de fabricación. Cuando una celda entra en thermal runaway, la temperatura puede superar los 500 °C, suficiente para prender materiales como papel o cartón, al mismo tiempo que libera electrolitos inflamables y gases calientes que dificultan la extinción.
Por ello, la normativa internacional de seguridad aérea exige que los powerbanks se transporten únicamente en el equipaje de mano y nunca en la bodega. En la cabina, pasajeros y tripulación pueden detectar señales como humo, olores extraños o aumentos anormales de temperatura y actuar de inmediato, mientras que un incendio oculto en la zona de carga podría pasar desapercibido hasta que cause daños mayores.
Ensayos llevados a cabo por la Administración Federal de Aviación (FAA) de EE. UU. demostraron que los sistemas de extinción de ciertos compartimentos de carga no son eficaces contra incendios originados por baterías de litio. Además, las pruebas mostraron que el fuego puede propagarse: una batería que entró en thermal runaway logró encender otras unidades cercanas dentro de una caja de cartón, evidenciando el peligro de expansión según la cantidad, tipo y proximidad de los dispositivos.
Aunque trasladar el powerbank en la cabina atenúa algunos peligros, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ha expresado una creciente inquietud por los incidentes vinculados a estas baterías, sobre todo cuando se trata de productos de baja calidad, falsificados o sin certificación de seguridad. No deben transportarse unidades hinchadas, golpeadas, mojadas, recalentadas o con cables y puertos dañados. Las normas de la IATA, reforzadas a partir del cambio de regulación, establecen que cada pasajero puede llevar como máximo dos baterías externas, siempre en el equipaje de mano, prohibiendo su recarga durante el vuelo y recomendando su uso limitado a bordo. Las unidades deben guardarse separadas y protegidas para evitar cortocircuitos. Los powerbanks con una capacidad de hasta 100 Wh pueden viajar en cabina sin autorización especial; los que van de 100 a 160 Wh requieren permiso de la aerolínea, aunque esta excepción desaparecerá en la edición 68 del reglamento de mercancías peligrosas de la IATA, vigente desde el fecha de entrada en vigor. Aquellos que superen los 160 Wh están prohibidos como equipaje de pasajero.


