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Los acontecimientos recientes mostraron que los continuos ataques verbales, agresiones, injurias y difamaciones difundidas a través de cualquier medio de comunicación masiva y de los contactos en redes sociales generan efectos nocivos tanto para la generación actual como para la futura, impactando negativamente a la sociedad en su conjunto.
Es importante señalar que el empleo del lenguaje para incitar y propagar antivalores conduce a la decadencia, la desesperanza y a una escasa voluntad de la población por educarse y contribuir al bien colectivo, sobre todo entre los sectores más vulnerables. Resulta desgarrador observar cómo se persigue el éxito sin escalar peldaños, buscando dinero fácil y rápido sin ofrecer el merecido reconocimiento al esfuerzo honesto y al trabajo constante.
La expansión de los medios de comunicación ha permitido que la ciudadanía deje de ser un simple receptor pasivo para convertirse en creadora y difusora activa de contenidos, un derecho fundamental de expresión y difusión del pensamiento. No obstante, este derecho debe estar subordinado al respeto por la dignidad humana, la moral y el buen nombre de los individuos. La responsabilidad recae en gran medida sobre los medios tradicionales y electrónicos, que al igual que la familia, parecen haber perdido su rumbo con la democratización de internet, vendiendo información engañosa como si fueran mercaderes de mentiras.
Al mismo tiempo, se ha generado una adicción generalizada a contenidos de baja calidad, como novelas breves y sensacionalistas cargadas de violencia, envidias, crueldad, uso indebido del lenguaje, chismes y diálogos que distorsionan la moral y las buenas costumbres de la nación. Se esperaba que la pluralidad de voces en los medios fragmentara los monopolios informativos y fortaleciera mecanismos de control ciudadano, garantizando transparencia, rectificación y ética, pero los retos que plantean internet y las redes sociales siguen siendo considerables.
Según fuentes consultadas, los llamados «vampiros de la comunicación» se alimentan de la economía de la atención en la era digital, abusando del recurso escándalo y difundiendo noticias falsas para provocar confrontaciones y atraer visitas de usuarios incautos. El sensacionalismo despiadado hoy supera con creces las normas deontológicas. iFrenemos la violencia social! La autora, residente en Santo Domingo, se desempeña como educadora, periodista, abogada y locutora. Visited 1 times, 1 visit(s) today. Los organismos competentes continúan vigilando el desarrollo de la situación.


