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Para honrar los 176 años del nacimiento de la ilustre educadora y poetisa Salomé Ureña, el Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (ISFODOSU) organizó una jornada de homenaje que combinó una ceremonia solemne en el Panteón de la Patria con un encuentro poético de alcance nacional.
La actividad dio inicio con una marcha que concluyó en la colocación de una ofrenda floral sobre el altar del Panteón, bajo la dirección de la rectora del ISFODOSU, Dra. Dinorah García Romero, quien estuvo acompañada por los poetas Basilio Belliard y Nancy Morejón, representantes de la Semana Internacional de la Poesía.
Durante su intervención, la rectora subrayó la magnitud del legado de Salomé Ureña, señalando que sus restos reposan junto a los de su hijo Pedro Henríquez Ureña y rememoró que la patriota derribó los límites de su tiempo al crear el Instituto de Señoritas, allanando la ruta para las primeras maestras y para que la mujer dominicana accediera al conocimiento científico. Añadió que la casa de estudios lleva su nombre por medio del Decreto 571‑03 y que renueva su compromiso ético‑pedagógico cada 21 de octubre, fecha en que la nación celebra el Día Nacional del Poeta.
Posteriormente, la comunidad académica se congregó en las instalaciones para un recital poético de fuerte carga institucional; las seis sedes del ISFODOSU participaron mediante tríos conformados por un docente de Lengua Española y Literatura y dos estudiantes, quienes ofrecieron análisis, reflexiones y declamaciones de obras líricas de la autora.
El programa también contó con la intervención especial de la historiadora María Filomena González, quien presentó el segmento titulado “Salomé fuera del canon”, abordando la dimensión humana de la intelectual, sus afectos y correspondencia.
Al inaugurar el recital, la Dra. Dinorah García Romero exhortó a los presentes a mantener viva la llama poética en la formación docente preuniversitaria, describiendo la obra de Salomé como una “trinchera de ideas, aula, canto a la patria y un ambicioso proyecto de nación”. Concluyó invitando a los futuros educadores a concebir la enseñanza como un proceso sensibilizador y humano, capaz de transformar cada aula en un espacio de esperanza para la sociedad dominicana.


