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El pasado 24 de octubre, Julian Assange volvió a usar sus perfiles en redes sociales para evocar el apoyo que le brindó el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, durante su confinamiento, acompañando la publicación con una foto en la que aparecen juntos y resaltando la distinta postura de los hermanos Bolsonaro.
«Estuve recluido en régimen de aislamiento durante 1.901 días por revelar la verdad sobre los asesinatos y el espionaje del Gobierno de EE.UU., incluso contra Brasil y sus industrias», declaró el australiano, añadiendo posteriormente que «una vez fuera del poder, Lula luchó por mi libertad».
Según su propio comunicado, al iniciar su mandato Lula le contó su persecución al difunto papa Francisco, lo que motivó al pontífice a reunirse con la familia de Assange y ofrecer asistencia. «Lula fue amable con mis hijos y no pidió nada a cambio», señaló, mientras añadió que «Jair y Flávio Bolsonaro no hicieron nada ni dijeron nada».
Acerca de los Bolsonaro, Assange advirtió que «sin la capacidad de decir ‘no’ a Washington y a Tel Aviv, no puede haber política nacional, sino únicamente instrucciones extranjeras». Continuó diciendo «Los vendidos entregarán todo a cambio de una parte, incluso sus propias lenguas» y denunció que «amplien nuestro robo de recursos y salarios, y mantengan la boca cerrada sobre el hecho de que asesinamos a niños».
El creador de WikiLeaks había sido acusado en 2019 de recibir y difundir cientos de miles de documentos de guerra y cables diplomáticos que revelaban prácticas militares irregulares de Estados Unidos en Irak y Afganistán. Ese mismo año, el entonces presidente de Ecuador, Lenín Moreno, autorizó su detención en la embajada ecuatoriana de Londres, donde Assange había permanecido bajo asilo desde junio de 2012, sumando siete años de estadía.
Finalmente, el australiano quedó oficialmente liberado tras alcanzar un acuerdo de culpabilidad con el Departamento de Justicia de EE.UU. La jueza Ramona V. Manglona le impuso la misma pena que ya había cumplido, sin imponerle libertad vigilada, lo que le permitió abandonar la sala como un hombre libre y viajar a Australia para reunirse con sus seres queridos.


