Equipos de rescate y voluntarios continúan la búsqueda frenética de personas que pudieron haber sobrevivido al sismo más letal registrado en Colombia durante este siglo, el cual provocó al menos 181 fallecimientos, más de 1.300 heridos y decenas de estructuras colapsadas.
Las urbes más afectadas del occidente colombiano —Cali, Pereira, Manizales y Quibdó— exhiben panoramas de ruina tras la sacudida de magnitud 7,4 que se registró el lunes a las 07:34, hace poco más de veinticuatro horas.
«Estamos intentando sacar los escombros porque acá estaban todos los vendedores de lotería», relató Juana Marín, de 25 años, mientras escarbaba en un terreno frente a la plaza principal de Pereira, una de las ciudades más impactadas por el temblor.
Situada en el famoso Eje Cafetero, Pereira registra al menos 72 muertos según el último informe de la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales, y se encuentra prácticamente sin suministro eléctrico.
El foco del terremoto se localizó en el Chocó, una zona occidental de escasos recursos cuya accesibilidad se vio gravemente limitada por el daño en las vías, informó la Cruz Roja Internacional este martes.
La gobernadora del Chocó, Nubia Carolina Córdoba, señaló que el saldo mortal asciende a 14 personas, la mayoría en la capital Quibdó, y añadió que se siguen localizando a cuatro desaparecidos.
El presidente Abelardo de la Espriella, quien tomó posesión el 7 de agosto, decretó estado de emergencia y prometió implementar una operación de rescate coordinada a nivel nacional.
El papa León XIV expresó su profundo «apenado» ante la tragedia y manifestó que rezará por las víctimas, según un telegrama enviado en su nombre por el cardenal Pietro Parolin, segundo al mando del Vaticano, al presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana.


