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El Sistema Nacional de Salud (SNS) ha anunciado una política de tolerancia cero frente a los fallecimientos de madres y recién nacidos, impulsando acciones para fortalecer la fiscalización en los hospitales que integran la Red Pública.
Con la meta de ofrecer una atención de calidad, se ha intensificado tanto el control interno como las visitas de supervisión a las unidades obstétricas, con la intención de identificar a tiempo cualquier anomalía que pueda poner en riesgo la seguridad de la madre y del bebé.
Las autoridades sanitarias han precisado que la vigilancia se centrará en la correcta aplicación de los protocolos clínicos, en la disponibilidad de insumos esenciales y en la capacitación permanente del personal de salud que atiende a la población materno‑infantil.
Adicionalmente, se ha establecido una coordinación más estrecha entre el SNS y las direcciones regionales de salud, de modo que la supervisión sea homogénea en todas las provincias y se puedan intercambiar buenas prácticas de forma inmediata.
Esta iniciativa forma parte de una estrategia más amplia que persigue reducir a cero los índices de mortalidad materno‑infantil en el país, reforzando la responsabilidad de los establecimientos de salud y asegurando que cada mujer embarazada reciba una atención segura y oportuna.


