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En la ciudad de Katmandú, cientos de damas nepalesas se congregaron dentro del venerado recinto de Pashupatinath para celebrar el Teej, una de las fiestas más importantes del país, en honor al dios hindú Shiva.
Vestidas mayormente con saris color rojo, ingresaron al templo con el propósito de ofrecer rezos y llevar a cabo ceremonias relacionadas con el matrimonio, la abundancia y la armonía familiar.
Esta festividad reúne a mujeres casadas y a solteras; la costumbre hindú dicta que las primeras piden larga vida, salud y prosperidad para sus cónyuges, mientras que las solteras suplican por encontrar en el futuro una pareja con los atributos que anhelan.
El Teej está íntimamente ligado a Shiva, una de las divinidades principales del hinduismo, y también honra a su esposa Parvati, cuya devoción al señor constituye el corazón de la celebración.
Durante todo el día, las participantes cantan, bailan, rezan y asisten a actos religiosos, convirtiendo el área del templo en un vibrante escenario de expresión cultural y espiritual.
El ayuno es una práctica típica del Teej; varias mujeres se privan de alimentos y bebidas durante una fracción del evento como señal de entrega, aunque la manera de cumplirlo difiere entre hogares y comunidades.
Situado a orillas del río Bagmati, el templo Pashupatinath, reconocido como uno de los lugares sagrados más relevantes del hinduismo, se transforma en esta época en uno de los principales puntos de afluencia para peregrinos y fieles.
Más allá de la dimensión religiosa, el Teej sirve como un importante escenario de conservación cultural, en el que las tradiciones se repasan de generación en generación mediante la música, la danza, la indumentaria y los ritos.
Esta celebración también se refleja con fuerza en la vida cultural de Nepal y entre la diáspora nepalesa, donde se planifican eventos para preservar las costumbres del Teej.
El color rojo predomina en la vestimenta de las participantes, pues posee un significado particular en los ritos nupciales y religiosos del país; así, durante el Teej, calles y zonas cercanas a los templos se tiñen de rojo, reflejando la masiva concurrencia de mujeres con sus atuendos tradicionales.
De este modo, entre oraciones, cantos y ceremonias, las mujeres revitalizan anualmente una costumbre que entrelaza la fe, la identidad cultural y la fiesta comunitaria.


