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Su aventura artística arrancó entre bambalinas de teatro; dirigía las funciones matutinas de su escuela, formaba parte de cada puesta en escena y, ya en la adolescencia, anhelaba aparecer en la televisión. Ese anhelo no se concretó, y ella misma comenta que en Cuba es sumamente difícil ganarse la vida dedicándose al arte, lo que la obligó a emprender actividades comerciales para sostener a su familia.
Durante cerca de veinte años ejerció el comercio de productos en la ciudad de Holguín, hasta que las redes sociales se convirtieron en su principal ocupación. Al referirse a esa etapa asegura que vender equivale a cubrir una necesidad, y añade que la escasez cubana le sirvió como la mejor escuela de ventas, pues se requiere creatividad sin depender de grandes presupuestos.
Antes de zambullirse en el entorno digital, intentó una carrera musical que se prolongó aproximadamente dos años, colaborando con artistas del género urbano cubano como Los 4, Harryson y Payaso x Ley. En julio de 2021 lanzó la canción «El Águila» junto a Jorge Junior, líder de Los 4, una mezcla de reguetón con matices flamencos. En ese momento su cuenta de Instagram reunía cerca de cincuenta mil seguidores.
El Dotol Nastra agradeció a Dios por el éxito de la primera edición de La Peñita, producción de ReconocidosNet.
Esa incursión musical no despegó como profesión, pero le dejó aprendizajes valiosos: superó el temor a la cámara y aprendió a comunicarse mediante su cuerpo, su voz y su energía. Subrayó además que el talento, por sí solo, no basta si no se logra conectar con el público.
Cuando empezó a crear contenido lo hizo por diversión, sin plan ni expectativas. En Cuba no existía la monetización de plataformas, el acceso a internet era limitado y no había formación disponible para esa actividad. Todo lo que sabe lo adquirió probando, en un proceso lento y costoso, y se topó con críticas que consideraban esa labor como “no un trabajo real”.
En 2024 se estableció en los Estados Unidos.
Su primera inversión significativa en el nuevo país consistió en la compra de un automóvil usado y antiguo, pagado al contado y mostrado en diciembre de 2024. La publicación recibió burlas de páginas de la propia comunidad cubana; ella respondió con un video describiendo la cultura del endeudamiento por vehículos que no pertenecen a sus dueños y la presión de mantener una imagen que le quita el sueño.
Menos de dos años después, en abril de 2026, fue galardonada como Creadora Revelación del Año en el TikTok Shop Summit, categoría Video Corto. Asistió a la ceremonia como nominada, su nombre apareció en las pantallas del salón y esa misma noche compartió su reacción sin filtros: «¡GANÉ! Creadora revelación del año en TikTok Shop, todavía no me lo creo». Un mes después recibió otro reconocimiento en Washington D.C., acompañado de una carta oficial del senador estadounidense Rick Scott.
Al ser consultada sobre el significado de aquel primer premio, no habla del trofeo, sino de la disciplina que tuvo que forjar y de las ocasiones en que siguió trabajando pese a los obstáculos. También menciona el orgullo de su familia, que ha sido testigo de todo su recorrido.
Actualmente combina contenido pregrabado con transmisiones en vivo, y señala que la diferencia entre ambos formatos se percibe más a nivel físico que técnico. El trabajo en vivo le resulta más agotador porque requiere estar presente durante toda la transmisión; «si me voy, se acabó». Aprendió a no depender exclusivamente de la inspiración, a cumplir incluso en días sin ideas y, tras mucho tiempo trabajando sola, comprendió la necesidad de contar con un equipo.
Karla Groizard lleva su pasión por el cine a las páginas de la obra “Luces, cámara y amor”.
Respecto a lo que aún le falta por aprender, responde que son muchísimas cosas y que espera seguir aprendiendo siempre; asegura que el día en que sienta que lo sabe todo, probablemente ya no esté viva.


