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Harry y Meghan han reiterado su rechazo a la injerencia de los medios, enfocándose ahora en la protección y el resguardo de sus pequeños. Según fuentes periodísticas, los duques de Sussex actuaron con celeridad al percibir a fotógrafos merodeando el centro educativo donde estudian sus hijos, de siete y cinco años, el lunes 28 de septiembre. La situación obligó a su equipo de seguridad a intervenir de inmediato y a emitir un comunicado oficial el 30 de septiembre.
El incidente se desencadenó cuando los guardias privados de la familia notaron una actividad sospechosa en los alrededores del colegio. Dos jóvenes con mochilas, acompañados de una furgoneta blanca, permanecieron vigilando el sitio durante varias horas, lo que llevó a los agentes a registrar la matrícula del vehículo. Posteriormente, investigaciones de fuentes revelaron que el conductor tenía relación con un fotógrafo extranjero que trabajaba para una agencia de noticias europea.
Este episodio pone de manifiesto la brecha entre la cobertura mediática británica y la internacional. Mientras que la prensa del Reino Unido se rige por la Organización Independiente de Normas de Prensa (IPSO), que prohíbe divulgar la dirección de la vivienda o la escuela de menores, los corresponsales de fuera no están obligados a respetar esas normas. La estrategia de los Sussex de ocultar los rostros de sus hijos en redes, mostrándolos de espaldas o usando emojis, alimenta el interés de algunos tabloides extranjeros por obtener imágenes recientes.
Ante la gravedad del hecho, el vocero de Harry y Meghan difundió un comunicado en el que la pareja no escatima palabras contra los fotógrafos. En la nota, los duques describen la actuación de los reporteros como “extraordinariamente irresponsable”, subrayando el riesgo inaceptable de seguir a los niños dentro de un entorno escolar.
El mensaje también enfatiza la seriedad de vulnerar la intimidad familiar en un espacio que debería ser seguro para la infancia. “Más allá de cualquier intento de captura, esto constituye una intrusión inadmisible a la privacidad de los menores y una conducta imprudente cerca de una escuela”, se lee en el comunicado reproducido por fuentes. Para los duques, este tipo de acoso sobrepasa cualquier límite informativo y perturba la tranquilidad de los demás alumnos y sus familias.
El suceso se produce en un momento delicado, después del regreso de la familia al Reino Unido a finales de agosto. La matrícula de Archie y Lilibet en su nuevo colegio inglés coincide con la fase en que las autoridades británicas evalúan la protección oficial que corresponde al hijo menor del rey Carlos III.
El comité RAVEC, responsable de la seguridad de personalidades públicas y miembros de la Casa Real, está revisando el caso de los Sussex para decidir si se les debe asignar una escolta armada con fondos públicos. Incidentes como el vivido esta semana refuerzan los argumentos de Harry sobre la vulnerabilidad de sus hijos sin una protección gubernamental adecuada, reavivando un intenso debate en el país.


