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De acuerdo con la entidad médica Mayo Clinic, la falta de líquidos impone una carga adicional al corazón y al sistema circulatorio, particularmente en personas que ya presentan afecciones cardíacas.
El cardiólogo Brodie Marthaler, M.D., que forma parte del Sistema de Salud de Mayo Clinic en Eau Claire, indica que la deshidratación va más allá de sentir sed, pues también somete a presión extra al aparato cardiovascular.
El especialista explica el fenómeno con una analogía: «Imagine que el corazón funciona como una bomba; para operar eficientemente, necesita recibir suficiente sangre en cada contracción».
Cuando el organismo pierde agua, el volumen de sangre disminuye, lo que reduce la cantidad de sangre que vuelve al corazón, obligándolo a ejercer mayor esfuerzo para mantener la circulación.
Como respuesta, el cuerpo contrae los vasos sanguíneos para preservar la presión arterial y eleva la frecuencia cardíaca para asegurar el flujo sanguíneo.
Si la escasez de líquidos se agrava, estos mecanismos de compensación pueden colapsar, dejando sin la adecuada perfusión a órganos críticos como el cerebro, los riñones, el hígado y el sistema digestivo.
Los signos que delatan una hidratación insuficiente incluyen latidos rápidos o palpitaciones y dificultad para respirar, síntomas que se intensifican a medida que avanza la deshidratación.
El doctor Marthaler advierte que una deshidratación severa puede desencadenar complicaciones graves, situaciones que demandan atención médica inmediata.
Aunque cualquiera puede deshidratarse, ciertos colectivos son más vulnerables: adultos mayores, niños, deportistas, trabajadores al aire libre y personas con enfermedades del corazón.
Además, quienes toman fármacos que alteran el equilibrio hídrico deben extremar la cautela.
Los pacientes con insuficiencia cardíaca u otras patologías del corazón deben ser particularmente cuidadosos, pues su sistema circulatorio tiene una capacidad limitada para soportar el esfuerzo extra que produce la deshidratación.
En materia de prevención, no existe una cantidad única de líquido para todos; la mayoría de los adultos sanos pueden guiarse por la sensación de sed para decidir cuándo beber.
Quienes anticipan pasar tiempo bajo altas temperaturas o practicar ejercicio intenso deben aumentar su ingesta de líquidos antes de iniciar la actividad.
Resulta útil observar indicadores como sequedad bucal, piel reseca y el color de la orina; una tonalidad clara indica hidratación adecuada, mientras que una más oscura señala la necesidad de ingerir más líquidos.
El agua es la opción más recomendable; sin embargo, en casos de pérdida considerable de fluidos, es necesario reponer electrolitos como sodio, potasio y magnesio.
Los atletas de larga duración o quienes realizan actividades de resistencia pueden beneficiarse de bebidas que contengan electrolitos.
El consumo de alcohol favorece la deshidratación al interferir con la regulación hídrica y aumentar la pérdida de líquidos, por lo que, al buscar rehidratarse, es preferible elegir agua u otras bebidas apropiadas.
El Dr. Marthaler subraya: «La forma más eficaz de evitar la deshidratación es anticiparse; convierta el hábito de beber líquidos en parte de su rutina diaria».
Recomienda ingerir pequeñas cantidades de líquido a lo largo del día y planificar la hidratación con anticipación cuando se prevean actividades físicas o labores al exterior en climas calurosos y húmedos.
Mayo Clinic es una organización sin ánimo de lucro dedicada a la práctica clínica, la educación y la investigación en el ámbito de la salud.


