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El incremento en la utilización de medicamentos diseñados para la pérdida de peso está transformando de manera notable la forma en que la población consume alimentos y bebidas.
Según el doctor Richard Maríne, especialista en nutrición y medicina deportiva, este tipo de fármacos, que también se emplean para el control de la diabetes, está provocando una caída de hasta el 20 % en la afluencia y el gasto de los clientes en los establecimientos gastronómicos.
El doctor Maríne puntualizó que la acción de estos compuestos no se limita al manejo de la glucosa; influyen directamente en los circuitos cerebrales vinculados al apetito, la saciedad y la sensación de recompensa, lo que conlleva una reducción importante del deseo de comer y altera la relación que los pacientes mantienen con la comida.
Como consecuencia, familias que antes solían salir a cenar unas veces ahora reducen esas salidas a aproximadamente , mientras que quienes continúan la costumbre solicitan porciones considerablemente menores.
El especialista advirtió que ciertos alimentos y bebidas pueden desencadenar molestias intensas, como vómitos, diarreas, estreñimiento, cefaleas o migrañas, síntomas que pueden persistir hasta 24 horas. Entre los productos que provocan esas reacciones destacan las comidas fritas y muy grasosas, que entorpecen el vaciamiento gástrico ya ralentizado por el medicamento, así como los postres y bebidas con alto contenido de azúcar, que pueden generar intolerancia digestiva. Además, el consumo de alcohol pierde atractivo para muchos pacientes o bien les produce malestar físico.
El doctor resaltó que las incretinas y los compuestos GLP‑1 llevan alrededor de 30 años bajo prescripción médica, ofreciendo beneficios en el control metabólico, pero subrayó la necesidad de considerar sus efectos sobre los hábitos alimenticios y el comportamiento del consumidor. En el ámbito de las adicciones, señaló que la influencia de estos fármacos en los mecanismos de recompensa cerebral ha abierto nuevas líneas de investigación terapéutica.
Según la información disponible, el laboratorio fabricante de Mounjaro está desarrollando un derivado que se encuentra en fase 2 de investigación clínica, con el objetivo de tratar adicciones específicas como la dependencia al alcohol, al tabaco y a la marihuana.
Este fenómeno coincide con un cambio generacional en los patrones de consumo. Datos de plataformas de medición que agrupan a personas nacidas entre 1997 y 2012 indican un consumo global de , lo que contrasta con la generación de 1950 a 1979, cuyo consumo de bebidas alcohólicas estaba más ligado al estatus social. En el caso del público masculino, las métricas citadas sitúan el consumo de y los destilados o whisky en , mientras que entre las mujeres los vinos alcanzan y las bebidas fuertes o destilados .
Frente a este escenario, Maríne consideró que la industria gastronómica y de consumo masivo no necesariamente enfrentará una crisis permanente, pero deberá adaptarse mediante la innovación en Food Tech, ofreciendo menús más saludables, porciones más pequeñas, alternativas sin frituras y una mayor oferta de cócteles sin alcohol o mocktails.


