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Santos Paulino, presidente de la Federación de Parceleros de la Reforma Agraria, explicó que gran parte de los terrenos destinados al arroz no pueden destinarse a otra producción, pese a los pedidos de ciertos grupos luego de que se derogara el decreto presidencial que mantenía aranceles a la importación del arroz de EE.UU. «Existen terrenos que pueden cultivar otros productos, pero hay otros campos que solo sirven para producir arroz o se convertirán en montes, ya que esos terrenos ubicados en la cuenca baja del Río Yuna no tienen otra utilidad».
Detalló que en la Guárana de San Francisco de Macorís y en Cotuí, capital de Sánchez Ramírez, existen parcelas improductivas para cualquier cultivo salvo arroz; la misma limitación se observa en áreas de La Vega y Castañuela, en Montecristi, y añadió que en sectores de Jicomé la falta de drenaje dificulta convertir los suelos a otra producción.
Paulino resaltó el respaldo que reciben los arrocineros de varios sectores sociales, quienes consideran indispensable que la República Dominicana continúe sembrando este cereal. «Porque lo que debemos entender es que si aquí dejamos de producir arroz, ocurrirá una caída en cadena de otros productos, como la yuca y los plátanos, ya que los productores de arroz migrarán a cultivar estos víveres por razones de subsistencia».
Advirtió que el efecto dominó impactaría también a comercios, vendedores de frituras y demás negocios, pues cada planta procesadora de arroz puede crear hasta 150 puestos de trabajo, los que se perderían. «El arroz genera una cadena de muchos eslabones que se vería afectada por el posible colapso de la producción», subrayó que un escenario de esa magnitud es inimaginable para el país, dado que hay zonas que dependen totalmente del cereal.


