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El creciente empleo de los medicamentos agonistas del receptor GLP‑1, creados inicialmente para tratar la diabetes y ahora también usados contra el sobrepeso y la obesidad, está provocando efectos que trascienden lo clínico, influyendo en los patrones de consumo y en la industria gastronómica.
De acuerdo con la experta en nutrición y medicina deportiva, Maríne, esta tendencia está llevando a ciertos comensales a disminuir tanto la frecuencia de sus visitas a los restaurantes como la cantidad de alimentos y bebidas alcohólicas que solicitan.
Maríne estima que la caída en la afluencia y el gasto ronda el 20 %, señalando que familias que antes acudían cuatro veces al mes ahora lo hacen aproximadamente dos, y que varios usuarios prefieren porciones más reducidas.
Los fármacos de esta categoría actúan sobre varios procesos relacionados con el apetito, la sensación de saciedad y el vaciado gástrico, lo que puede traducirse en una notable disminución de la ingesta alimentaria.
La especialista indica que ciertos platos pueden intensificar las molestias gastrointestinales que presentan algunos pacientes durante el tratamiento, como los alimentos fritos y aquellos con alto contenido graso, pues ralentizan el vaciado del estómago.
Asimismo, advierte que los postres y productos con elevado nivel de azúcar pueden empeorar la intolerancia gastrointestinal que algunos usuarios experimentan mientras están bajo el fármaco.
Entre los efectos secundarios observados con los GLP‑1 se incluyen náuseas, vómitos, diarrea y estreñimiento, cuya gravedad varía de una persona a otra.
En lo que respecta al consumo de alcohol, Maríne menciona que varios pacientes reportan una disminución del interés por las bebidas alcohólicas, un fenómeno que se está investigando por su posible vínculo con los circuitos cerebrales de recompensa y la conducta adictiva.
El profesional también puntualiza que la transformación en los hábitos no se debe solo a los medicamentos para controlar el peso; la generación Z muestra menor afinidad por el alcohol y una mayor preocupación por la salud, lo que representa un reto para restaurantes, bares y demás actores del sector alimentario. Para adaptarse, los establecimientos tendrán que innovar, ofreciendo menús más saludables, porciones pequeñas, menos frituras y una mayor oferta de bebidas sin alcohol, marcando una nueva etapa donde salud, tecnología y preferencias del consumidor cobran mayor relevancia.


